En Tío Vania (1899), Antón Chéjov retrata la vida cotidiana como una tragedia silenciosa: personajes atrapados en la rutina, el amor no correspondido y el trabajo sin sentido. Vania, Sonia, Astrov y Elena encarnan el cansancio, la desilusión y la esperanza humilde que aún resuena en nosotros. Más de un siglo después, la obra sigue vigente porque no ofrece héroes ni soluciones fáciles, sino espejos: nos muestra que en el desencanto también puede haber dignidad, paciencia y un consuelo compartido.
Tío Vania y la vigencia del desencanto
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