El desgraciado final de Grisóstomo por un amor imposible que lo conducirá al suicidio se narra a lo largo de los capítulos que van del 12 al 15 de la primera parte del Quijote. Cervantes escribirá un largo poema en el cual el pastor Grisóstomo verterá todas sus quejas amorosas antes de poner fin a su vida. La pastora Marcela, objeto del amor de Marcelo, aparecerá en el momento del entierro y –desde lo alto de un montículo- dirigirá a los presentes un hermoso discurso en el que lamenta la muerte de Grisóstomo pero de la que afirma no ser responsable ni culpable por no haberse sentido enamorada del pastor muerto, considerando injustas las opiniones vertidas sobre ella por este motivo: I – Capítulo 14.
Del largo poema se ponen aquí las tres estrofas que siguen y el epitafio redactado para la tumba de Grisóstomo por su amigo Ambrosio.

CANCIÓN DE GRISÓSTOMO
Ya que quieres, cruel, que se publique,
de lengua en lengua y de una en otra gente,
del áspero rigor tuyo la fuerza,
haré que el mismo infierno comunique
al triste pecho mío un son doliente,
con que el uso común de mi voz tuerza.
Y al par de mi deseo, que se esfuerza
a decir mi dolor y tus hazañas.
de la espantable voz irá el acento,
y en él mezcladas, por mayor tormento,
pedazos de las míseras entrañas.
Escucha, pues, y presta atento oído,
no al concertado son, sino al rüido
que de lo hondo de mi amargo pecho,
llevado de un forzoso desvarío,
por gusto mío sale y tu despecho.
***
Yo muero, en fin; y, por que nunca espere
buen suceso en la muerte ni en la vida,
pertinaz estaré en mi fantasía.
Diré que va acertado el que bien quiere,
y que es más libre el alma más rendida
a la de amor antigua tiranía.
Diré que la enemiga siempre mía
hermosa el alma como el cuerpo tiene,
y que su olvido de mi culpa nace,
y que, en fe de los males que nos hace,
amor su imperio en justa paz mantiene.
Y con esta opinión y un duro lazo,
acelerando el miserable plazo
a que me han conducido sus desdenes,
ofreceré a los vientos cuerpo y alma,
sin lauro o palma de futuros bienes.
***
Canción desesperada, no te quejes
cuando mi triste compañía dejes;
antes, pues que la causa do naciste
con mi desdicha aumenta su ventura,
aun en la sepultura no estés triste.
EPITAFIO
Yace aquí de un amador
el mísero cuerpo helado,
que fue pastor de ganado,
perdido por desamor.
Murió a manos del rigor
de una esquiva hermosa ingrata,
con quien su imperio dilata
la tiranía de amor.
Deja un comentario