Dalí y jodoroswky

Explora las sorprendentes conexiones entre el surrealismo de Salvador Dalí y la psicomagia de Alejandro Jodorowsky. Un viaje a través del arte, la locura y la liberación del ser

Desde las vanguardias artísticas que buscaron dinamitar los cimientos de la razón, como el dadaísmo y el surrealismo, emerge un fascinante diálogo entre dos figuras titánicas del siglo XX: Salvador Dalí y Alejandro Jodorowsky. Aunque no se adscriben a los mismos movimientos, un hilo invisible conecta sus universos creativos: la exploración audaz y sin concesiones del subconsciente como territorio para la liberación del ser.

El surrealismo, con Dalí como uno de sus más célebres exponentes, se propuso como una vía de escape de la tiranía de la lógica. El pintor de Figueras, con su método paranoico-crítico, buscaba «sistematizar la confusión y contribuir al descrédito total del mundo de la realidad». Para él, la verdadera lucidez no residía en la cordura aparente, sino en la capacidad de transitar los abismos de la propia mente. «La única diferencia entre un loco y yo es que yo no estoy loco», afirmaba, subrayando que su incursión en lo irracional era un acto consciente y deliberado. Dalí nos invita a aceptar que «un día tendrá que ser admitido oficialmente que lo que hemos bautizado como ‘realidad’ es una ilusión aún mayor que el mundo de los sueños».

Por otro lado, Alejandro Jodorowsky, artista polifacético, cineasta, escritor y creador de la psicomagia, emprende una búsqueda similar, aunque con herramientas distintas. Si bien no se declara surrealista, su obra es un eco de esa misma insurrección contra lo establecido. Para Jodorowsky, las ataduras no provienen tanto de la razón inquisitorial, como diría Dalí, sino de las lealtades invisibles a nuestro árbol genealógico.

Ambos, Dalí y Jodorowsky, son dos insubordinados ante el destino preescrito. Dalí rompe con su padre y con la sombra de un hermano muerto para forjar su propia identidad. Jodorowsky se inventa un pedigrí y desentraña su psique para liberarse de las cadenas ancestrales. En este sentido, ambos encarnan la figura del «loco» del Tarot, ese arcano que avanza sin miedo hacia lo desconocido, libre de las convenciones sociales. Como afirma Jodorowsky, «los pájaros nacidos en una jaula creen que volar es una enfermedad». Dalí, a su manera, también nos incita a volar más allá de la jaula de la razón, declarando que «el genio tiene que pasar por encima de la locura y la locura por encima del genio».

La conexión entre ambos se hace aún más evidente al examinar su relación con el arte y la realidad. Para Dalí, el arte es una herramienta para explorar y plasmar los paisajes oníricos del subconsciente. Para Jodorowsky, el arte es un acto de sanación, un medio para transformar la realidad a través de la imaginación. «Un arte que no sirve para sanar no es arte», afirma el creador de la psicomagia. Ambos, en definitiva, nos enseñan que la verdadera revolución comienza en el interior, en ese espacio insondable donde los sueños, los miedos y los deseos danzan en una coreografía que desafía toda lógica. Son dos faros que nos guían en la exploración de nuestra propia profundidad, recordándonos que, para ser verdaderamente libres, a veces es necesario abrazar nuestra propia y singular locura.

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