
Cerrar podrá mis ojos la postreraSombra que me llevare el blanco día,Y podrá desatar esta alma míaHora, a su afán ansioso lisonjera; Mas no de esotra parte en la riberaDejará la memoria, en donde ardía:Nadar sabe mi llama el agua fría,Y perder el respeto a ley severa. Alma, a quien todo un Dios prisión ha […]
Amor constante más allá de la muerte: Quevedo
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